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Conmociones sociales promovidas por un afán frenético de renovación; conciencia del estado misérrimo en que se desenvuelve la vida del país, agitado, de un lado, por esa miseria hoy a penas concebible, y, de otro, por ideas que los hombres que llevarían a cabo la fantástica Revolución tampoco podrían concebir.
A. de Lamartine se adentra en el alma ingenua de su pueblo, para exponer a la luz hechos que sus impetuosos coterráneos, que los ejecutan y vivían, no se daban cuenta de ellos con entera claridad. |